RISE!

OPETH

“Heritage”

(Roadrunner Records)

Vuelve Opeth con un disco que ha dado mucho que hablar, sobre todo entre sus fans y algunos que ya no lo son, debido a su casi total alejamiento del Death Metal. Estamos hablando de una banda que ha sabido experimentar mucho en sus diez discos de estudio, y su bandera es no estancarse en un estilo ni en un formato de álbum, o mejor dicho la de Mikael Åkerfeldt, quien es cantante, guitarrista y compositor, y es el único miembro original que queda.
Pasando al disco, hay que decir que es excelente, con una gran calidad compositiva. Los temas generan un ambiente un tanto melancólico, pero sobre todo una atmósfera misteriosa. El track número uno es una intro con una lenta y triste melodía de piano que lleva el nombre del disco, la que en sus 2:05 de duración nos llena de incertidumbre, pues no sabemos que es lo que se viene. Y lo que sigue puede llegar a desilusionar mucho al escucha si esperaba una vuelta al Death por parte de los suecos, en cambio es un deleite para los que disfrutan de lo experimental, la variedad y sobre todo la influencia de los años ’70.

La segunda canción es “The Devil’s Orchard”, la que desde el comienzo nos muestra a Opeth más rítmico que nunca, con el bajo del uruguayo Martin Méndez que nos castiga con un excelente sonido, ejecución, y volumen fuerte. La batería de Martin Axenrot se luce a base de ritmos jazzísticos, debajo de las melodías oscuras de las guitarras de Fredrik Åkesson y Mikael Åkerfeldt. Per Wiberg le da un toque demoníaco con su teclado, sumado a la voz limpia, pero maliciosa del cantante repitiendo “Toma el camino donde los demonios dicen: Dios está muerto”; nos demuestra que la banda no abandonó ni por asomo su lado oscuro.
Unas guitarras acústicas que hasta parecen de Zitarrosa, nos anuncian el comienzo de “I Feel The Dark”, otro temazo que en 6:40 pasa por el folklore, el jazz, la psicodelia y el heavy metal. La suavidad vocal llega hasta los suspiros enseñando la variedad de tonos que tiene Mikael. Una vez más, los silencios juegan un rol muy importante, siendo por momentos un instrumento más.
Con el número cuatro le sigue “Slither”, el tema más rápido hasta el momento, con un riff central impecable desplegando notas a toda velocidad, y un fraseo sensiblemente más veloz que en los tracks anteriores. Tiene un estribillo tan sencillo y corto como bueno, donde solo se escucha “Summer Is Gone”. En el medio de la canción nos encontramos con un punteo con estilo y sonido a lo Tony Iommi (Black Sabbath es una de las influencias más marcadas). Luego unos repetitivos acordes de guitarra clásica bajan los decibeles por un minuto hasta el final. El tema está dedicado a la memoria de Ronnie James Dio, como podemos leer en el librillo que acompaña el disco.
Seguimos con la calma, y con unas suaves notas de guitarra, donde incluso se siente la mano correr por el mástil, y un golpeteo apenas perceptible en el redoblante dan comienzo a “Nepenthe”. Es una canción monótona por momentos, sin llegar a aburrir, donde nuevamente el ritmo se torna jazz, y hay unos pasajes funk. La letra es muy corta y la melodía vuelve a ser suave y lenta, impregnándola de armonía. Igualmente se sienten algunas pequeñas melodías de tres notas en el teclado que le dan un toquecito oscuro.
“Haxprocess” es la sexta pieza, donde son protagonistas las guitarras folk y las escalas descendentes. El tema despierta melancolía y las atmósferas creadas por el teclado sumadas a un murmullo de niños a lo lejos, deja nuestros sentidos alerta al máximo. La tristeza se apodera de la voz de Åkerfeldt, y recita el último verso, antes de finalizar con un muy suave punteo a guitarra eléctrica limpia.
La hermosa melodía de una flauta tocada por Björn J:son Lindh y unos tambores a cargo del peruano Alex Acuña, nos introduce a un increíble tema llamado “Famine”, el más largo del álbum. Quizá es el tema más variado y experimental, pero también es de lo mejor del disco, con pasajes bastante heavies, donde la flauta se combina con un riff y un compás muy Black Sabbath. Aquí es donde uno se puede imaginar como pudo sonar Jethro Tull con Iommi.
“The Lines In My Hand”, otro gran tema que arranca con batería y voz, y que de a poco van sumándose los demás instrumentos, mientras el cantante repite la primera estrofa varias veces. Luego va tomando intensidad de la mano de la combinación de ritmos del baterista, quien en este tema se luce muchísimo, para terminar con bastante fuerza.
Bajando muchísimo las revoluciones empieza “Folklore”, con una tenue melodía de guitarra, que se va convirtiendo en riff y da paso al resto de la banda. Åkerfeldt recurre a un efecto en la voz que le da un gustito a psicodelia, y si la influencia de Pink Floyd se nos había cruzado por la cabeza, escucharlo decir “Hey you…” nos termina de convencer. La parte más heavy está en el estribillo con ese bajo saturado y el tempo lento. Luego de jugar con los silencios (o casi silencios), arremeten con un muy buen final que de a poquito se va desvaneciendo.
La última canción se llama “Marrows Of The Earth”, completamente instrumental, con una melodía central muy sencilla y repetitiva pero que mediante el buen uso de los efectos, la sumatoria de instrumentos y la genialidad compositiva se torna enviciante para el oído. Excelente tema para finalizar el álbum.
Un discazo de Opeth, que sigue demostrando que es una banda importante, que no se guía por estereotipos y por sobre todas las cosas que no tiene miedo a nada. En algún momento Metallica fue abandonado por muchos fans del Thrash, tal vez ahora le toca a Opeth ser abandonado por los del Death.

Oscar Brandi.

 

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