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THE METAL FEST en Movistar Arena (Santiago de Chile, Chile)

Sábado 13 y Domingo 14 de Abril de 2013

por Gonzalo Deubelbeis

 

“En la antigüedad hasta que un músico no fuese capaz de crear luz, fuego, una llama con su música, se consideraba que todavía era un aficionado…”

Aunque maestro espiritual, orador, etc., pero no metalero, estas palabras del maestro indio Osho calzan perfecto para describir el efecto de la música en las miles de “llamas” que somos cada uno de nosotros al entrar en contacto con ésta, sea en la intimidad de un dormitorio o en los eventos masivos como el que aquí se recordará. Sólo la música derrumba egos y facilita el conectarnos con nuestro verdadero ser en un acto que podría catalogarse como “divino”.
Sudamérica y su escena metálica siguen creciendo paulatinamente, tan así que en Abril se celebró en Santiago la segunda edición del The Metal Fest. Este festival masivo permitía ver tanto bandas consagradas así como grupos más extremos y por lo tanto menos difundidos. Ya desde su edición debut del año pasado fue evidente que un evento con semejantes características era esperado por la mayoría, y así respondió el público ante un cartel orientado al Thrash Metal que reunió grupos del calibre de Anthrax, Testament, Obituary, Kreator, Blind Guardian, Misfits, entre muchos otros. Este 2013 la tendencia fue hacia el Death Metal, aunque también se incluyó el Doom, Heavy, Sludge y Power Metal. Curiosamente, muy poco Black y el Folk/Viking no fue contemplado en la grilla. En total, 14 bandas internacionales y 16 chilenas serían la brutal banda sonora de estos dos gloriosos días que viviríamos.
Santiago de Chile es una ciudad que se impone a los sentidos de muchas maneras: la Cordillera de los Andes visible desde prácticamente cualquier recoveco, incluso a pesar del smog presente; el efectivo y limpio servicio del Metro y sus amables ciudadanos que en ningún momento destratan a los visitantes, al contrario. Como si fuera poco, el clima estuvo espectacular todos los días.
A mediados de Abril, el Parque O’higgins (donde está emplazado el Movistar Arena) recibiría a las hordas de los más variados géneros del Metal. Dicho recinto cuenta con un parque de diversión para niños, una explanada enorme donde se realizan los actos de gobierno y hasta un sector para practicar tiro con arco… en resumen, muchos metros cuadrados para pasar un buen rato rodeado por un entorno verde sumamente amigable. Pero mi interés y el de miles de metaleros radicaba en asistir al Movistar Arena para una cita impostergable, el The Metal Fest 2013.

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El sábado enseguida del mediodía me acerqué para ir reconociendo el territorio. Al momento de divisar el recinto me empezó a correr un escalofrío por lo que vendría, y no me demoré en ir a hacer fila a la Entrada Sur como un buen soldado. Una vez dentro, me dediqué a recorrer los stands que iban desde los especializados en remeras, aquellos con colgantes y accesorios, los de venta de discos hasta los de tatuajes / piercings y videojuegos… muchas tentaciones para un bolsillo devastado como el mío.
Saken, la primera banda en inaugurar los escenarios del festival, comenzaba en hora su actuación sobre el escenario al aire libre destinado a las bandas chilenas. Presencié algunas de sus canciones y me dirigí al interior de las entrañas del Movistar Arena para ser azotado por la demencia grindcore de Lock Up. Como buena banda del género, soltaron de su cadena varias bestialidades con forma de canciones entre nosotros, muy potentes y cortas, escudadas por el animal Nick Barker en la batería. También se lo invitó a Dan Lilker (bajista de sus colegas Brutal Truth) para que se uniera a Shane Embury (Napalm Death, Brujeria) y a dos bajos darnos nuestro merecido. El inquieto guitarrista Anton Reisenegger (Pentagram, Criminal) tuvo su doblete personal frente a sus compatriotas con Lock Up luego de su presentación del jueves 13 de abril con Pentagram en el marco de La Previa al TMF junto a Día De Los Muertos y Accept. En diciembre del 2012, cuando me decidí por asistir a este festival, empecé a escuchar las bandas de Chile que tocarían, y los santiaguinos Recrucide y su Death Metal fueron una linda sorpresa con su disco “Blood Divine”. En su directo ofrecen lo mismo que en estudio, ríos de sangre para zambullirse a gusto. Arcturus me generaba gran expectativa por sus discos aunque para mi sorpresa no pude conectar con su espectáculo en vivo. Me aguanté un par de canciones para darles una oportunidad, pero tampoco funcionó, y pagué el precio de los escenarios simultáneos. Melektaus, banda local de Brutal Death Metal que deseaba ver ya que su último disco “Nexus for Continual Genesis” (2012) me pareció excelente, terminaban su actuación apenas llegaba al escenario exterior. Algo indignado, me interné nuevamente en cuarentena en el recinto principal a sabiendas de que me pasaría un buen rato dentro. Los venideros shows de Corrosion of Conformity y Sodom me instaban a buscar un lugar privilegiado dado que en el escenario nacional las siguientes bandas (Battlerage e Inquisición) son de géneros que me resultan menos atractivos. Los de la conformidad corroída fueron los primeros en hacer tronar su sludge/stoner rock, generando un momento distendido entre tanta brutalidad, contando con Pepper Keenan de invitado en su show. Los teutones Sodom, a quienes tenía muchas ganas de poder ver en vivo, llegaron con toda la artillería que los caracteriza. Con ellos se generó el primer gran circle pit del festival, y en cierto momento me encontré en el medio del fuego entre uno de estos círculos que absorbía más y más cuerpos a su interior, alimentándose de ellos, y un mosh pit inmenso… ¿por qué tanto desenfreno? Muy simple: “Agent Orange”, “The Saw is the Law”, “Nuclear Winter”, “Fuck the Police”, “In War and Pieces”, etc.

Morbid Angel resquebrajó cráneos en base a una fluida y pulida actuación en vivo. Hicieron una veloz recorrida por su discografía, incluyendo dos canciones del antipático “Illud Divinus Insanus” como “Nevermore” y “Existo Vulgoré”, buenas canciones en definitiva. Otras invocadas fueron “Rapture”, “Chapel of Ghouls”, “Where the Slime Live” (aquí un video de cómo lo viví: http://www.youtube.com/watch?v=hMnREP5v06I) en mi primera vez frente a estos maestros de la oscuridad y la pasé de maravillas. Una vez finalizado el concierto, me apresuré para ver lo que faltaba de Sadism, quienes se pararon firme en el escenario nacional con su brutal death y dieron lo que el público esperaba. También anunciaron que su nuevo disco está al salir: los chilenos no dan tregua.

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Dee Snider y sus Twisted Sister eran los siguientes en la fila del escenario internacional. Si bien su frontman es un tipo simpático y carismático, TS no son de mis grupos predilectos así que luego de “We Are Not Gonna Take It” me dirigí a ver a Undercroft, que regresaban de gira a sus tierras natales desde el viejo continente. Algunos problemas técnicos demoraron el inicio del show de los thrash/death metaleros, ante lo cual la gente se impacientó e hicieron oír los primeros silbidos, más siendo uno consciente que podría estar viendo otra banda en su lugar. Luego de esta alargada espera, salieron a por todo con temas como “El Triunfo de la Muerte”, “Danza Macabra”, entre otros. Este mega evento fue también la oportunidad para que realizara mi primer encuentro frente a Down y el mítico Phil Anselmo. El buen Phil se irritó temprano porque el público no reaccionaba (¿luego de una jornada maratónica como la vivida que se esperaba?), recurriendo a los innecesarios insultos y la soberbia que no queda bien en ningún frontman, por más grande que éste sea. Salvando este detalle, su selección de canciones fue pensada para desintegrar gargantas y cabelleras, y de paso celebrar el cumpleaños del barbudo Kirk Windstein, su guitarrista. Hubo para todos los gustos: “Pillars of Eternity”, el cover de “Walk”, la ahora familiar “Witchripper”, cerrando con “Bury Me in Smoke”.
Empezaba la segunda y última jornada del festival, y viendo las bandas que tocarían a uno ya le daban ganas de ser tragado por el concreto sólido del Movistar Arena. Como llegué con un poco de retraso, sacrifiqué a Nimrod y me dirigí directo al escenario internacional, donde Brutal Truth se presentaría por primera vez en tierras chilenas. Estos chicos tuvieron algunos contratiempos, ya que el sonido de la batería tenía desajustes y luego el bajo de Dan Lilker tuvo que recibir asistencia, lo que hizo que el show se detuviese por breves instantes.

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Nile era la próxima bestia en visitarnos, y la principal causa de que estuviera en tierras extranjeras en ese momento. Valió la pena, el país trasandino fue el único sudamericano que visitaron en esta ocasión (se comenta de una futura gira sudamericana en el mes de diciembre), y lo suyo fue magistral. La bandera de Uruguay que llevé la saqué a relucir durante su setlist, aunque cuando la arrojé jamás alcanzó el escenario (patético lo mio). Su pasaje fue tan ajustado como arcaico y brutal, y uno jamás termina de acostumbrarse a la excelencia para escuchar a Dallas Toller-Wade anunciar la última canción de su actuación, “Black Seeds of Vengeance”. Por el camino quedaron “Sacrifice Unto Sebek”, “Supreme Humanism of Megalomania” de su último “At the Gate of Sethu” (2013), “Sarcophagus” y demás gemas sonoras… daban ganas de tener cuatro pares de ojos para apreciar lo que cada músico iba realizando. Después de ver a los norteamericanos del brutal death egipcio uno se siente autorealizado como persona, aunque aún faltaban algunos platos fuertes que me interesaban ver. Unos instantes para recargar los pulmones de aire puro y nuevamente a la carga para los mexicanos de Brujería, quienes llegaban supliendo a Voivod que pocos días antes del festival se vio obligada a cancelar su visita por motivos de salud de su vocalista Snake. Para mi el cambio fue más que mejor, soy un incomprendido de los canadienses y ni siquiera pude apropiarme de lo brindado por ellos en su último disco, así que no lamenté demasiado su ausencia el domingo, y disfruté de temas como “Matando Güeros”, “La Ley del Plomo”, “Marcha de Odio”, “Brujerizmo” de estos pinches mexicanos que con una postura cuasi anárquica reparten palo para todos lados. El que El Brujo y Fantasma, sus enmascarados vocalistas, hablen español fue una de sus fortalezas para conectar muy bien con la audiencia. Esto les permitió hacer bromas y hasta excusarse por el transcurrir de años sin sacar álbum nuevo, aprovechando la ocasión para presentar “Ángel de la Frontera”, un nuevo track. Para las bandas que proseguían, me dedicaría a intercalar entre escenarios para ver tanto a Symphony X y el virtuoso guitarrista Romeo (referente en el power metal progresivo) como a los chilenos Orategod y algunas canciones de los black metaleros Kythrone. El Doom Metal cayó de la mano de My Dying Bride para cubrirnos con una manta de melancolía, la excusa perfecta para calmarse un poco y disfrutar con estos ingleses que saben dar cátedra en varios órdenes.

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La teatralización del vocalista Aaron Stainthorpe le da un hilo conductor a toda su performance. La segunda excusa por la que asistí a Chile (luego de Nile) se vendría a continuación. Carcass salía a dejar más cuerpos moribundos a su paso, y yo que pensaba que luego de perderlos en su anterior paso por Sudamérica hace unos años jamás los podría ver en vivo. Verdaderas perlas como “Heartwork”, “Death Certificate”, “No Love Lost”, “Corporal Jigsore Quandary” y las intervenidas quirúrgicamente “Keep on Rotting in the Free World” y “Exhume to Consume” siguen tan afiladas como una sierra. Jeff Walker estuvo de un humor inmejorable, comentando sobre lo trillado y repetitivo de comentarios como “Uds. son el mejor público del mundo” que las bandas “yankees” suelen hacer. Tener a dos de los originales Carcass a metros de distancia es una sensación reconfortante y contagiosa, un encuentro fortuito que el destino nos tenía guardado. Como quien no quiere la cosa el festival llegaba a su fin, y quedaba por ver el cierre con el lunático Devin Townsend y sus secuaces. Como prólogo icónico a este show se reproducía un video laberíntico y poco previsible como reflejo de la mente de este músico multifacético. La forma de aproximarse a la gente de este personaje es atípica pero bienvenida, con una sonrisa de oreja a oreja y agradecimiento para con el público (a diferencia del quejoso Anselmo). Al final el bueno de Devin no dudó en quedarse 1/4 de hora (o más) para firmar autógrafos y charlar con sus fans al borde de la valla, todo un gentleman.
Esperemos que el The Metal Fest no sea sólo una temeraria incursión y continúe estableciéndose como un festival respetado por su buena organización… ¿será el comienzo de un hito en América del Sur?
Quiero agradecer a los Núñez de Cerrillos que me trataron como si estuviera en casa y fuera uno más de la familia, en especial al pequeño Nacho, a su mamá Andrea y a Juana Cevallos… ¡sin ustedes jamás habría sido posible nada de esto!

Fotos del festival por Guillermo Cardozo acá: http://www.flickr.com/photos/gcfotoperiodismo/sets/72157635553598421

 

 

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