RISE!

BEHEMOTH

“The Satanist”

(Nuclear Blast)

behemoth

Muchas cosas pasaron en el mundo Behemoth desde su último lanzamiento “Evangelion” (2009). En 2010 salió al mercado el exhaustivo “Evangelia Heretika”, y Adam ‘Nergal’ Darsky contrajo leucemia, debiendo someterse a un prolongado e invasivo tratamiento. Poco tiempo antes, había sido denunciado por grupos religiosos polacos al romper una biblia en un recital. En 2012 editó su autobiografía “Spowiedz Heretyka. Sacrum Profanum”, con la colaboración del poeta y letrista de Behemoth, Krzysztof Azarewicz. El libro aún no está traducido al inglés, pero su lanzamiento fue acompañado con una serie de pretensiosos trailers disponibles en Youtube. Ese mismo año y con Nergal recuperado, emprendieron un gira que los trajo en octubre a Uruguay, donde dieron un show formidable. En fin, Nergal se convirtió en imagen publicitaria del energizante Demon Energy e interpretó al ministro nazi J. von Ribbentrop en la comedia polaca AmbaSSada (Juliusz Machulski, 2013).
De este ajetreado entorno es producto “The Satanist”, aparecido a principios de febrero. Fue grabado en los Hertz Studios de la ciudad de Bialystok, al noreste de Polonia, con la producción del mismo equipo de “Evangelion”: Wojtek y Slawek Wieslawscy junto a Daniel Bergstrand. La mezcla comenzó a cargo de Colin Richardson -también participante del disco anterior-, pero por diferencias musicales con la banda fue sustituído por el polifacético Matt Hyde (el mismo de Slayer, también el mismo de Cypress Hill y Porno for Pyros). Para completar la línea de productores mainstream, el masterizado corrió a cargo del legandario Ted Jensen, que desde Metallica a Kreator y pasando por Dream Theater, algo de metal ha escuchado fluyendo por las perillas, aunque en el medio haya estado entretenido con Slipknot, Duran Duran y Avril Lavigne. Con este equipo de producción hiper profesional, y tratándose de una banda que siempre parece lograr en el estudio exactamente lo que se propone, no hay elementos para objetar del sonido del disco, que vuelve a arrojar -como desde hace muchos años- una mezcla justa de potencia y nitidez.
La portada fue encargada al ruso Denis Forkas, y Nergal le envío un recipiente con su propia sangre para que la utilizara en la pintura. En general la materia prima que se usa para pintar un cuadro tiene un cierto impacto sobre la calidad del producto, aunque éste no es el caso de la sangre. Fuera de la originalidad publicitaria de Nergal, la imagen sigue la línea de tonos monocromáticos y contornos difuminados típica del estilo ocultista de Forkas, que condensa influencias del arte de la China imperial con algunos rasgos de los sueños más oscuros del genial Francisco de Goya. Resulta novedoso que se trate de una imagen insinuante, misteriosa y relativamente simple, en contraste con la simbología explícita y sobrecargada que presentan las tapas de los tres discos anteriores.

Pero no sólo en el arte de portada, sino también en la orientación musical, “The Satanist” marca un cambio respecto de sus predecesores. “Demigod” (2004), “The Apostasy” (2007) y “Evangelion” (2009) son expresiones cada vez más refinadas de la misma tendencia, que marcó la evolución artística de Nergal en la última década. La depuración del sonido, la complejización de los riffs, el aumento en el contenido conceptual de las letras, y la sofisticación en el trabajo de producción constituyen elementos que se fueron intensificando gradualmente en los últimos tres discos de Behemoth, y quizás con “Evangelion” llegaron a un punto de realización creativa que volvía difícil seguir avanzando en la misma senda.
Ya desde el nombre del disco se adivina un cambio de enfoque; no se llama “Zos Kia Cultus” (2002), ni “The Apostasy”¸ no lleva un nombre críptico que invite a descifrar un significado oculto y conceptualmente nutrido; por el contrario, “The Satanist” es un título básico y directo, que descansa más en la descarga energética y la generación de climas, que en la tendencia más bien intelectualista que se había vuelto sello distintivo de Behemoth. Incluso no deja de haber cierta frivolidad en la forma en que a Nergal se le ocurrió el título, mientras viajaba en un avión y vio que un pasajero cercano leía The Economist. “The Satanist” se define por estructuras compositivas poco complejas, con temas compuestos en su mayoría en base a un riff central al que se vuelve de forma recurrente, convirtiéndose en el rasgo central de cada canción, por lo que el sonido y el enfoque de producción prolongan el tono directo de la portada y el título. La producción arroja un sonido rústico y sucio, mucho más próximo a la crudeza de “Pandemonic Incantations” (1998) que al sonido moderno y comprimido en el que progresivamente se había perfilado desde “Thelema.6” (2000). Esto hace a “The Satanist” un disco de inflexión, y marca un cambio de rumbo respecto a trabajos anteriores, implicando una vuelta de Behemoth a un sonido más llano y básico, que si bien no alcanza el brillo de sus antecesores inmediatos, tiene al menos el mérito de arriesgar en una dirección diferente.
La discusión sobre si es preferible un sonido moderno y tecnificado, o un sonido crudo estilo old school, en cierto punto es inconducente. No hay argumento ni demostración posible que permita establecer cuál de estas dos alternativas funciona mejor como propuesta estética, y es bastante dudoso que cualquiera de los dos enfoques pueda demostrar ser más legítimo que el otro. Lo que sí cabe evaluar es qué resultado obtiene un artista en función de la orientación que ha decidido tomar en cada caso. Si una banda opta por un sonido moderno y depurado, que saca el mayor partido posible de la tecnología y la técnica, cabe evaluar que nivel de originalidad, impacto estético y calidad artística obtiene como producto de esa decisión, y lo mismo para una banda que opta por un sonido crudo y sucio. Puede evaluarse la fertilidad de lo que se produce dentro de un determinado marco de decisiones artísticas, pero no es posible evaluar la elección del marco mismo.
Es de relieve señalar esto en cuanto no faltarán en la prensa y en los foros las comparaciones entre “The Satanist” y los discos más recientes de Behemoth, basadas en la premisa de que es posible defender que una producción old school es mejor que una producción moderna o viceversa. Pensar la cuestión en estos términos dicotómicos es lo que conduce el debate a un callejón sin salida -que por ejemplo se ve claramente en las interminables discusiones que ha suscitado “Surgical Steel” (2013) de Carcass-. Lo que sí puede evaluarse es qué tanto logró Behemoth en las épocas en que tenía un sonido más próximo al black metal tradicional, qué tan lejos llegó cuando transitó hacia un sonido más pulido y de mayor complejidad, y qué tanto gana ahora con esta especie de retorno a los viejos tiempos.
Un ejemplo cabal de la orientación minimalista del disco es la eficaz “Ora Pro Nobis Lucifer”, que transcurre casi tres minutos sin cambios de tiempo, recayendo una y otra vez sobre el riff principal. Si bien Behemoth puede arriesgar con temas de este tipo sin perder potencia ni brutalidad, hay cierta sorpresa y variedad de arreglos que eran usuales en las composiciones de Nergal, y que faltan en la mayoría de las canciones de “The Satanist”. Asimismo, las comparaciones con los discos anteriores arrojan indicadores claros de simplificación en la composición; en “Daimonos”, el tema inicial de “Evangelion”, la voz ingresa en 01:34, después de tres riffs de base -con sus respectivas variaciones- y un corte. En “Blow Your Trumpets Gabriel”, por el contrario, la voz ingresa en 00:34, precedida de un solo riff, que es el mismo para la introducción y la base de las estrofas, lo que sólo a modo de muestra, arroja inicialmente un minuto menos de arreglos y variaciones.
Por otra parte, en el disco abundan los muros de sonido con guitarras dobladas y ritmos acelerados de batería -un caso claro es “Furor Divinus”-, apelando a recursos que ya resultaban sobreutilizados en la época del “Blizzard Beasts” (1997) de Immortal. En este panorama, sólo la exuberancia vocal de Nergal -desbordante en el tema que da nombre al disco- y el virtuosismo de Inferno en la batería logran sostener la cuota suficiente de originalidad, en un disco que por momentos parece estar revisitando los recursos más típicos del black nórdico de mediados de los 90’s. Esta apuesta a lo crudo por sobre lo intrincado acusa también una marcada influencia de Celtic Frost, que se trasunta en las repetidas combinaciones de vientos y guitarras distorsionadas, así como en las secciones de medio tiempo utilizadas en varios temas. En esta línea sobresale la embriagadora “Messe Noire”, gracias a un excelente despliegue vocal de Nergal, que se ve algo disminuido por la parte rápida del tema, que presenta exactamente la misma combinación de guitarras cortadas y blast-beats de batería que cierra “Blow Your Trumpets…”.
En lo que hace a las letras, el campo temático aparece algo menos diversificado que en discos anteriores. Luego de transitar por influencias que cubrían el nihilismo de Max Stirner, el existencialismo de Jean Paul Sartre, el ocultismo de Aleister Crowley y Austin Osman Spare, y el vitalismo de Friedrich Nietzsche, para remontarse hasta Platón y los antiguos caldeos, las letras de Nergal retornan a un satanismo menos ecléctico, más definido y temáticamente homogéneo, aunque sin perder la densidad de concepto. Se mantiene de todos modos la impronta de Nietzsche en varios pasajes, como cuando Nergal en polaco canta “Ya es suficiente con los dioses! Dadme un hombre!” (“In the Absence ov Light”). Después de un largo periplo intelectual de búsqueda y procesamiento de influencias, de tránsito por formas variadas y hasta incompatibles de reivindicación de la vida en oposición a la religión, las letras de Behemoth parecen haber vuelto a la oscuridad que las vio nacer, fortalecidas por una amalgama de influencias condensadas en el tiempo.
En base a este enfoque de las letras, no es fácil precisar bajo qué noción de satanismo se define el disco. La mayoría de las letras se sitúan claramente fuera del satanismo entendido como anticristianismo, ya que en sentido estricto el anticristianismo se define por la negación de la figura de Cristo, su mensaje, y su carácter divino -un ejemplo es el libro “Por qué no soy cristiano” de Bertrand Russell (1957)-, y salvo algunas alusiones puntuales, no es este el nivel conceptual que elige Behemoth en “The Satanist”, sino un plano más bien precristiano. Tampoco se trata de satanismo entendido como neopaganismo, en cuanto esto supone la crítica al cristianismo desde la reivindicación de las formas culturales europeas previas a la implantación del cristianismo -un caso es “La genealogía de la moral” de Nietzsche (1887)-, ya que son escasos los elementos de este orden que pueden encontrarse en las letras. Asoman sí algunos elementos de satanismo entendido como adoración al Diablo, enfoque que implica una perspectiva antropomórfica, y la construcción lírica desde la posición de un ser humano que se proclama adorador de Satán. Esta orientación puede entreverse parcialmente en temas como “Messe Noire” y “Oh Father, Oh Satan, Oh Son!” (dos de los tres que tienen a Krzysztof Azarewicz como co-autor), aunque hay buenos motivos para pensar que esto no es lo definitorio ni lo más destacable de las letras de “The Satanist”.
Por contraste a lo anterior, la orientación temática predominante del disco remite a un satanismo precristiano y centrado en el monoteísmo originario, con letras que exaltan la rebelión de Lucifer, pero en un plano oposición frente al Dios del antiguo testamento, un plano que hunde sus raíces en la blasfemia al origen de la religión y del monoteísmo, bajo la forma histórica y literaria que toma entre los antiguos hebreos. Las letras de “The Satanist” constituyen así un ataque al nacimiento mismo de la idea de Dios, en una estrategia análoga al análisis nietzscheano en la ya mencionada “Genealogía de la moral”, con la diferencia de que mientras Nietzsche sostiene su crítica en la exploración de los componentes tribales y psicológicos de la creencia en Dios, Nergal se orienta a los aspectos cosmológicos, históricos y literarios.
En este marco, abundan las referencias a las doce tribus de Israel, a las plagas, a Abraham, Zion y el arcángel Gabriel, e incluso las menciones del nuevo testamento -como el jardín de Gethsemane o la crucifixión- se introducen desde una perspectiva claramente no-antropomórfica, ajena a este mundo y al registro terrenal de la experiencia religiosa “Escucha al universo gritar desesperado/Sangrando desde los pulmones negros del infierno”, canta Nergal en “Furor Divinous”. Algo similar sucede con las letras de rebelión propiamente dichas, como “Blow Your Trumpets Gabriel”, una incitación a que el arcángel Gabriel se subleve contra Dios, que sigue la línea de películas como “Constantine” (Francis Lawrence, 2005) y libros como “La rebelión de los ángeles” de Anatole France (1914). Toma forma así una narrativa compacta y oscura, donde las blasfemias más obscenas conviven con pasajes de altísimo refinamiento poético; “Y heriré el orgullo dorado del cielo… Ondulando ansioso por entrar en erupción/Reconstela el firmamento”, puede escucharse en “Ora Pro Nubis Lucifer”.
La lírica de Behemoth define el satanismo en una perspectiva atemporal e infrahumana; las letras de Nergal no hablan sobre ni desde ninguna época, en cuanto se sitúan en un plano temporal anterior al tiempo de la escritura y a la historia misma, un tiempo fuera del tiempo que se despliega y se agota en el enfrentamiento perenne entre Dios y Satanás. Se trata de historias que construidas desde la perspectiva de Dios o de Satán, ya que no desde la vivencia limitada del ser humano. Se produce de este modo la apertura a una conceptualización más compleja e integrada de la figura del Diablo, que se distancia de los estereotipos rústicos y animalizados que proliferaron a partir de la Edad Media, en línea con las alternativas esbozadas a partir de obras como el Fausto de W. V. Goethe (1808) y especialmente El paraíso perdido, de John Milton (1667), sin dejar de lado la inclasificable El Diablo de Giovanni Papini (1957).
La tendencia predominante de “The Satanist” puede denominarse como herejía arcana -en alusión al corte “Arcana Hereticae”, de “The Apostasy” (2007)-, una negación cosmológica y atemporal del antiguo testamento, y de las raíces originarias de la idea de dios. En esta línea, las menciones a Sodoma y Gomorra, las plagas, los hechos de la tribu de Judá e incluso a María, constituyen sólo proyecciones temporales de un conflicto subyacente más allá del tiempo. Nergal se distancia así de los esquemas clásicos del neopaganismo o la adoración de Satanás, y sitúa las letras en un plano esencialmente no humano, de un conflicto cosmológico que sólo tiene algunas de sus manifestaciones en los asuntos terrenos, pero que esencialmente los precede.
Cabe preguntarse qué gana y qué pierde Behemoth con un disco como este. En principio gana credibilidad artística, en cuanto queda demostrado que Nergal está dispuesto a tomar riesgos y a no repetir la misma fórmula disco tras disco, por mejor que funcione. En segundo término puede ganar en audiencia, sobre todo en cuanto al público que prefiere los primeros discos, así como al público true black que puede sentirse más afín al sonido de “The Satanist”. Por otro lado, se pierde sin duda algo de originalidad, ya que han pasado dieciseis años desde “Pandemonic Incantations”, y el universo death-black se ha sobrepoblado de formaciones que emulan varios de los recursos estéticos y conceptuales a los que apela Behemoth en este disco, por lo que si bien la voz de Nergal, las letras y la base rítmica siguen siendo difíciles de confundir, la falta de complejidad compositiva hace que se eche de menos algo de un sonido característico que tomó mucho esfuerzo y varios años en forjarse.

Pablo Melogno.

 

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