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SAXON

«Sacrifice»

(UDR Music)

saxon

Al terminar 1982, la New Wave of British Heavy Metal daba sus últimos estertores, y sólo tres bandas mostraban proyección suficiente para mantener el legado del movimiento a largo plazo. Def Leppard, que virarían de estilo hasta alcanzar ventas multimillonarias en Estados Unidos; Iron Maiden, que permaneciendo fieles a su identidad se convertirían en insignia mundial del metal; y Saxon, que si bien intentaron en ambas direcciones no lograron consolidarse en ninguna de las dos. Sumado esto a cambios de sello, formación, y litigios legales entre los integrantes, puede explicarse por qué la banda de Biff Byford no logró sostener los niveles masivos de público que a principios de los 80’s la equiparaban a Maiden y Leppard, aunque con el tiempo la buena calidad de sus lanzamientos -especialmente a partir de «Forever Free» (1992)- ha vuelto esto una cuestión secundaria.
A principios de marzo y después de algunos retrasos, Saxon editó «Sacrifice», su vigésimo disco de estudio. Fue grabado en los LS Studios de Inglaterra, bajo la producción -por primera vez con la banda- del aclamado Andy Sneap (Megadeth, Arch Enemy, Accept, Testament) y el vocalista Biff Byford, que por lo menos desde el vivo «Rock n’ Roll Gypsies» (1989) ha asumido más de una vez la tarea de productor, sumados a Jacky Lehmann (At the Gates, Grave Digger, Iced Earth) en la mezcla. El disco es distribuido por Capitol (USA), EMI (Inglaterra), y la alemana UDR (resto de Europa) que trabaja con la banda desde «Call to Arms» (2011). Cuenta con una tapa de Paul Raymond Gregory, un exuberante reconstructor de la obra de J.R.R. Tolkien, que se estrenó en el mundo de las portadas justamente convocado por Saxon para «Crusader» (1984), trabajando desde entonces con Dio, Mötorhead y Uriah Heep, entre otros. La formación de la banda se mantiene estable desde el retorno del baterista Nigel Glockler en 2005, con Byford y el guitarrista Paul Quinn como únicos miembros originales.

El disco se orienta a un hard rock de sonido crudo y moderno, con incursiones en el heavy clásico y el power metal. Restando una breve introducción instrumental, tiene nueve temas y no llega a los cuarenta minutos, lo que -sin ser de por sí bueno ni malo- es al menos inusual para lo que suelen durar los discos de metal a partir de la popularización del CD. Presenta cortes intensos y acelerados, que alteran con otros de menos revoluciones. El excelente tema que da nombre al disco es una pieza rápida, con guitarras filosas y agresivas, y un buen trabajo de wah-wah por parte de Paul Quinn. La letra aborda la temática usual del sacrificio humano en religión, e incluye una mención a la enigmática figura de Baphomet que no termina de encajar con la estética azteca de la portada. Siendo el primer corte de difusión, su estilo no es del todo representativo del resto de la lista, aunque en el balance general puede decirse que «Sacrifice» presenta un definido endurecimiento del sonido de la banda respecto a su predecesor «Call to Arms».
Si bien tanto la producción como el desempeño de los músicos son por demás convincentes, la sucesión de temas por momentos no termina de mantener el nivel. Canciones como “Guardians of the Tomb” y “Warriors of the Road” responden a estructuras de composición no muy elaboradas, que se precipitan en la primera estrofa apenas esbozada la introducción, para desembocar sin mayor sorpresa en el estribillo al promediar el primer minuto. “Stand up and Fight”, algo más potente, presenta una estructura similar pero con más variantes, que arroja mejor resultado. Siendo éstos de los cortes más power del disco, por las bases de doble bombo y los estribillos de aire épico, destacan los arreglos de guitarra del primero, a falta de mayores atractivos.
Cabe sin embargo mención para la letra de “Guardians of the Tomb”, inspirada en Qin Shi Huang, emperador de China en el siglo III antes de nuestra era. Este singular personaje fue responsable de la primera unificación china, poniendo fin a la organización feudal previa a su imperio, estandarizando el alfabeto, la moneda y el sistema de leyes, entre otras reformas. Murió en el 210 antes de nuestra era, al parecer buscando Isla de los Inmortales, en la que según las antiguas tradiciones chinas se encontraba el elixir de la vida eterna. El emperador fue enterrado en un mausoleo que lleva su nombre, con la particularidad de que su tumba quedó custodiada por un ejército de 7000 estatuas de tamaño natural talladas en arcilla, que reproducen el uniforme y el equipamiento de los ejércitos chinos de la época. A estos guardianes de la tumba, encomendados a ser el ejército del emperador en la otra vida, se los conoce con el nombre de los Guerreros de Terracota. Si bien la letra no tiene la riqueza y el detalle de otras canciones históricas de Saxon, como “Strangers in the Night” («Wheels of Steel», 1980) o “Crusader” («Crusader», 1984), resulta interesante como exploración de la historia y la mitología de las civilizaciones orientales, un tópico en general poco explotado en la lírica del género.
La vertiente más clásica de la banda se despliega en la muy convincente “Wheels of Terror”, que avanza con contundencia entre arreglos de batería y campos armónicos, en la más rockera “Standing in a Queue”, que hunde raíces en el sonido hard de fines de los setentas, acaso con demasiada cercanía a AC/DC, y en “Walking the Steel”, un medio tiempo sólido y eficaz, dedicado a los obreros que construyeron el One World Trade Center de New York; resulta un nuevo guiño de la banda al mercado norteamericano, con los toques más melódicos que se pueden encontrar en un disco que no tiene baladas. Uno de los momentos más altos de la lista es “Made in Belfast”, con singulares arreglos de mandolina y una letra que alude al astillero Harland and Wolff, en donde se construyó el Titanic entre 1909 y 1912. La canción recrea con buen tino la atmósfera de la Irlanda urbana de principios del siglo XX, reafirmando la agudeza de la banda para componer sobre episodios históricos. Igualmente destacado resulta “Night of the Wolf”, un corte intenso y vibrante, con sutileza melódica y guitarras de altísimo vuelo, que muestra a Byford -de 62 años- en excelente forma, mostrando la vigencia de su voz en varias estrofas sin apoyo en efectos vocales, sólo acompañado de la base rítmica y unos mínimos arpegios de guitarra.
Por otro lado, cabe señalar cierta falta de creatividad en los títulos de las canciones que no contribuye al evaluar la originalidad y sorpresa que Saxon puede introducir después de tantos años. Una banda que tiene un clásico llamado “Wheels of Steel”, no aporta demasiado titulando un tema “Wheels of Terror” y otro “Walking the Steel”, por no recordar “Iron Wheels”, y “Batallions of Steel”; del mismo modo que “Warriors of the Road” recuerda a “Warrior”. Es cierto que hay palabras que han estado por décadas arraigadas en el vocabulario del metal -recuérdese «British Steel» (1980) de Judas Priest y «Ophidian Wheel» (1997) de Septic Flesh-, pero también es cierto que tanto en los recursos temáticos usuales del género como en la literatura se pueden encontrar sobrados elementos afines al enfoque épico-histórico de Saxon, capaces de darle más diversidad a la terminología de la banda.
Como es costumbre en estos tiempos de digitalización y multiformato, el disco incluye diferentes bonus dependiendo de la edición y el soporte. Aparecen versiones de “Crusader”, “Just Let Me Rock”, “Requiem”, “Frozen Rainbow” y “Forever Free”. Esta última se luce por una producción muy superior a la versión original, especialmente en el sonido de la batería, del mismo modo que “Crusader”, destaca por arreglos orquestales muy bien logrados. Pero más allá de que el resultado sea mejor o peor en cada versión, es cuestionable que una banda que trata de superar su propia leyenda y no vivir de la nostalgia, presente clásicos regrabados como bonus tracks. Quizás sería mejor estrategia tener más confianza en el material nuevo, dándole el protagonismo que en parte pierde por la reaparición de cortes de discos anteriores, más cuando la edición limitada incluye el vivo «Live in Haarlem», suficiente para dejar satisfechos a quienes reclaman los antiguos himnos. Forjado desde una producción muy consistente y el trabajo de una banda a la que le sobra oficio, el disco alterna piezas de alta factura con otras algo básicas, por lo que «Sacrifice» difícilmente será considerado como una obra maestra de Saxon, aunque hay que conceder que cumple con mantener alto el nivel de la banda, lo que no es nada despreciable después de 43 años de carrera.

Pablo Melogno.

 

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