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CASPIAN en Kafé Antzoki (Bilbao, España)

Jueves 12 de Junio de 2014

por Unai Endemaño

En estos tiempos de fugacidad absoluta, una década es un espacio de tiempo suficiente como para que merezca la pena tirar la casa por la ventana celebrando. Con cientos de grupos copando las portadas y otros tantos desapareciendo a la semana siguiente, lo de mantener unido a un pequeño conjunto de amigos, después de cierto tiempo, tiene mérito y a veces hasta premio.
En Bilbao es donde los Caspian iban a comenzar a recoger el último que les ha correspondido, ante unos cuantos fans escogidos que ansiaban liquidar el jueves de manera luminosa. Lo harían sin salirse del guión esperado, en perfecta comunión entre músicos y melómanos. El Post Rock sería mentado un millón de veces de mientras, invocándose hasta para ir a por el cubata de turno, y es que resultaría memorable la pureza estilística con la que todo iría transcurriendo.
Como anticipo aparecerían los aspirantes a estrella, Lehnen, un conjunto austríaco con un par de LPs en el mercado y aptitudes suficientes como para agradar al respetable. Comenzarían enchufados y poderosos, con el cantante y el batera guareciéndose las testas bajo gorros de lana al tiempo que repartían melancolía digerible. Su estilo recordaba al de los mejores Junius cuando añadían voces a sus pasajes, resolviéndose mucho más metálicos de lo que uno pudiese haber imaginado.

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No tardarían en quitarse los gorros merced al calor que iba apoderándose del Antzoki. Las progresiones irían cayendo sin pausa entonces, resonando con fuerza entre las paredes con la promesa de quedar ancladas en nuestras memorias. Resultarían imponentes antes de que Caspian hubiesen tomado tierra, mucho mayores de lo que iban a terminar pareciendo una vez concluida la experiencia.
Los de Beverly serían los que terminasen por empequeñecer la imagen que Lehnen habían conseguido, sin necesidad de trucos ni subterfugios tramposos, amparándose tan solo sobre la intensidad última de su sonido. Rematarían el recinto bilbaíno desde el mismo momento en el que habían tocado cuatro notas, desde que “Waking Season” saludaba con delicadeza al exiguo gentío y la cascada comenzaba a caer con fuerza.

El festival de melodías estaría gobernado por los tres guitarras que ocupaban las primeras posiciones, teniendo a Philip Jamieson como eje central sobre el que pivotar y a sus dos compañeros flanqueando emocionados. El altísimo músico sería también el encargado de atender al teclado y de cantar las escasas partes vocales con que el repertorio iba a contar.
Como era de esperar la banda rescataría unos cuantos cortes de sus primeros -aunque no demasiado lejanos- tiempos, pasando bastante por alto sus últimos esfuerzos, de los que aparecerían “The Heart That Fed” o “Gone in Bloom and Bough”, para dejar claro que la noche tendría condicionantes diferentes a los de una gira corriente. “Halls of the Summer” sería sin embargo uno de los instantes más noticiables, con su arrebatadora melodía saltarina infundiendo sensaciones entre los presentes.

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Pasaríamos a recordar el «Four Trees» de la mano de “ASA” y «Brombie”, prosiguiendo con el akelarre de gradaciones interminables que habíamos ido buscando. Absolutamente fieles al estilo del que son cabeza visible, los Caspian infligirían una sucesión constante de tonalidades ascendentes y descendentes, haciéndonos despegar en cada corte que disparaban, para ver como caíamos al inicio del siguiente. Definirían el Post Rock en los mismos términos en los que hace unos años se hizo famosa la formula, en los mismos en los que da la impresión que últimamente va quedando desfasada.
Recordándonos a los Explosions in the Sky en su búsqueda constante del orgasmo definitivo, a If These Trees Could Talk por lo metálico de su sonido y a Mono por las progresiones saturadas de trémolos, los de Beverly sacarían lo mejor que llevaban encima, despuntando con violencia en “Ghosts of The Garden City”, tras haber recordado la primera ocasión en la que oficiaron en la villa. Se marcharían un instante tan solo para volver con los tres primeros cortes que copaban su EP iniciático, en cadeneta y con “Sycamore” esperando a modo de colofón definitivo. Terminaría de manera espectacular con los cinco músicos golpeando la batería de manera tribal sobre el escenario del Antzoki, zanjando la celebración y el jueves de post rock exquisito, que habíamos disfrutado. Dentro de otros diez años, repetimos.

 

 

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